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septiembre 8, 2013 / Víctor Sierra Matute

Quintillas disparatadas

Recupero estas quintillas de Tomás de Iriarte, donde parodia con gracia la falta de rigor y la abundancia de anacronismos en los tratados de falsos humanistas, cronicones, etc.

QUINTILLAS DISPARATADAS

En la Historia de Mariana
refiere Virgilio un cuento
de una ninfa de Diana
que, por ser mala cristiana,
fue metida en un convento.

Salió Escipión Africano
a impugnar esta opinión,
publicando en castellano
una gran disertación
sobre el caballo troyano

en la cual se convencía
que, por razón natural,
y según la anatomía,
no debe el Cirio Pascual
arder en la Epifanía.

Discordes los pareceres
de todos los literatos,
al oráculo de Ceres
preguntaron si Pilatos
se casó con dos mujeres.

Respondió luego la diosa
que proponerle acertijos
era diligencia ociosa,
sabiendo que siete hijos
tuvo santa Sinforosa.

Oscura fue la respuesta,
y dijo el rey Baltasar:
«Pues, señores, ¿qué nos cuesta
enviárselo a preguntar
al Concejo de la Mesta?»
Congregose el tribunal,

y el rey Wamba, de golilla,
con un texto de Marcial
defendió que el Escorial
es la octava maravilla.

Alegando por apoyo
de tan justo raciocinio,
que el lance que llevó al hoyo
al secretario Santoyo
se halla prevenido en Plinio.

Teniéndolo por error
replicó don José Nebra,
célebre compositor,
que nunca estuvo en Ginebra
el diablo predicador;

que era entenderlo al revés,
pues con decreto severo
mandó el parlamento inglés
que nunca sin el cordero
se pintase a Santa Inés.

Y aun con mayor acrimonia
probó el poeta Menandro
que, aunque nació en Macedonia
el magnánimo Alejandro,
fue colegial de Bolonia;

al modo que Constantino,
ya graduado en Alcalá
(como observa Calepino),
vio volver el agua en vino
en las bodas de Caná.

«Este», dijo, «es mi sentir,
salvo siempre el de la junta;
y vivo está el Gran Visir,
que, si alguien se lo pregunta,
no me dejará mentir.»

Armose una sarracina
cuando Séneca citó
los Anales de la China,
probando que en Jericó
se habló lengua vizcaína;

y que si plantó la vid
el patriarca Noé,
por otra cosa no fue
sino porque el rey David
vio en el baño a Betsabé;

que era un engaño evidente
de Mahoma en su Alcorán
decir que el Gran Capitán
era alférez o teniente
cuando le pintó Jordán;

Y, en fin, que por ningún caso
se debía conceder
que allá en el monte Parnaso
tenga el caballo Pegaso
la cola de Lucifer.

Prevaleció esta opinión;
y el almirante Colón,
a la sazón presidente,
luego a fray Luis de León
dictó el acuerdo siguiente:

«Hoy, a treinta de febrero,
fallaron sus señorías
que es un hereje Lutero,
por haber dicho que Olías
no fue la patria de Homero;

y no obstante que Turquino
quiso engañar a Lucrecia,
debió el césar Antonino
no presentarse en Venecia
con hábito de teatino;

pues, aunque fuese el Tostado
obispo de Calahorra,
bien pudo haber presenciado
el castigo del pecado
de Sodoma y de Gomorra;

que, aunque es muy cierto que
visitó a don Pedro el Cruel,
y que la hermosa Raquel
jura haber visto a Cupido
a los pies de San Miguel,

no por eso dejará
de ser igualmente cierto
que un gran padre del desierto,
por purgarse con maná,
hubo de quedarse tuerto;

que, en vista de estas razones,
deben los cuatro elementos
y los dos santos varones
ir montados en jumentos
a rezar las estaciones;

y que así Raimundo Lulio,
arzobispo de Tesalia,
no deje que Marco Tulio,
aun en el calor de julio,
beba en la fuente Castalia.

Con cuya resolución,
que archivada ha de quedar,
se escriba luego al Japón,
para que venga Sansón
al Campo de Gibraltar.

Y por tanto, se decreta
por siempre jamás, amén,
que el laberinto de Creta
sin licencia no se meta
en el Portal de Belén.»

enero 4, 2012 / Víctor Sierra Matute

EdoBNE (I): Manuscrt.Cao

Hace unos días, a modo de regalo de Navidad, fue publicado el número 11 (cuarto de la nueva época) de la revista de manuscritos literarios e investigación Manuscrt.Cao, de cuyo comité científico formo parte y por cuyos editores (Diana Eguía y Javier Maldonado, sus principales artífices) siento especial respeto y cariño. Con este número se cumplen dos años de trabajo de miembros del grupo EdoBNE y colaboradores para garantizar el lanzamiento de la revista puntera en investigación de manuscritos.

Manuscrt.Cao 11

Como se encarga de recordarnos Pablo Jauralde casi a diario, en filología está todo por hacer: el trabajo con las fuentes, aunque en ocasiones resulte arduo e ingrato, suele dar los más ciertos frutos. Sin duda Manuscrt.Cao ofrece, en cada uno de sus números, buenas muestras de ello. Y no solo en lo que respecta a autores del Siglo de Oro (se han dedicado artículos a Lope de Vega, Quevedo, Góngora o Teresa de Jesús), sino también a autores del siglo pasado (el primer número contenía un homenaje a Miguel Hernández, y se han publicado textos sobre Ramón Gómez de la Serna o José Hierro) y del presente (Isaac Rosa o Carlos Belli).

Una de las interesantes novedades que presenta el número 11 es la propuesta de un cuestionario sobre los hábitos de escritura de autores contemporáneos. En esta ocasión se han publicado las respuestas que ofrecieron Chantal Maillard, Concha García y Carlos Germán Belli, acompañadas con imágenes de sus autógrafos, libretas, espacios de escritura, etc. Desde aquí, animo a los escritores que puedan caer en Philoblogia a que contesten y envíen los cuestionarios a los editores.

Cuestionario de Chantal Maillard

ÍNDICE MANUSCRT.CAO | NÚMERO 11

Artículos:

  • Carlos Fernández González y Sofia Simões, «Nuevas aportaciones a la biblioteca de Francisco de Quevedo»
  • Ana Garriga Espino, «Las tres cartas autógrafas de Santa Teresa de Jesús conservadas en la Biblioteca Nacional de España»
  • Laura Hatry, «La ardua génesis poética: un poema de Carlos Germán Belli y su evolución»
  • Mélanie Valle Detry, «La elaboración de un estilo, análisis de algunos borradores de “El país del miedo” de Isaac Rosa»

Reseñas:

  • Sonia Fernández Hoyos, «La correspondencia de lo estético. Notas para “Correspondencia. Carmen Martín Gaite-Juan Benet”, José Teruel (ed.), Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2011)»

Cuestionario:

  • Hábitos de escritura actuales: cuestionario
  • Chantal Maillard
  • Concha García
  • Carlos Germán Belli de la Torre
agosto 6, 2011 / Víctor Sierra Matute

Picaresco ma non troppo

Retrato de la Lozana andaluza Acaba de publicarse on-line el número 21 de la revista Tonos Digital (Revista Electrónica de Estudios Filológicos de la Universidad de Murcia) donde participo con un pequeño artículo sobre el Retrato de la Lozana andaluza, obra peculiar y compleja que ha traído de cabeza a más de un crítico. Para Marcelino Menéndez Pelayo, las aventuras de Aldonza y Rampín eran un “doctrinal teórico y práctico del libertinaje”, amén de “un producto mórbido de la corrupción romana”. Otros le han asignado el titulillo de “precursora de la novela picaresca” (e incluso el de “primera novela picaresca”), pasando por alto u ocultando el hecho de que no fuera leída hasta bien entrado el siglo XIX. Y, aunque Nicasio Salvador Miguel ya advirtió el “craso desatino” de esta afirmación, podemos encontrarla en estudios posteriores. Aquí va un segundo intento de parar esta bola de nieve.

julio 29, 2011 / Víctor Sierra Matute

Una nueva cara de Lope de Vega

Publicado originalmente en el blog “Han ganado los malos”, de Pablo Jauralde Pou.

Poco antes de que en febrero de 1630 saliese de la madrileña imprenta de Juan González el Laurel de Apolo, lo hacía del taller del pintor Juan Van der Hamen y León (Madrid, 1596-1631) el retrato de Lope de Vega que ahora reaparece. Ambas obras constituyen una muestra del gran afecto que se profesaban los dos artistas: mientras que Lope pone a desfilar al pintor hacia «la difícil cumbre de Helicona» en la novena silva del poema, Van der Hamen dibuja al “Fénix” con un manteo donde luce su recién estrenada cruz, la que le había concedido el papa Urbano VIII en 1627 y que le identificaba ya como caballero de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta. Lope dedicó otros halagos poéticos a su amigo (como los sonetos «Si cuando coronado de laureles / copias, Vander, la primavera amena…»), donde alaba, sobre todo, la capacidad de Van der Hamen para pintar bodegones, género pictórico que se convirtió en su principal fuente de ingresos. Sabemos que Van der Hamen retrató al poeta en al menos dos ocasiones más: la primera de ellas se documenta en el inventario de los bienes del pintor tras su muerte, donde se menciona la existencia de una serie de veinte retratos de personajes ilustres, cuyas medidas son tres cuartas de alto y media vara de ancho (63 x 41,75 cm.), entre los que figura «un retrato de Lope de Vega de medio cuerpo»; la segunda, en el inventario de la colección del Marqués de Leganés, que poseía «un retrato de media bara en quadro [41,75 x 41,75 cm.], de medio cuerpo, de Lope de Vega, de mano de Vanderhamen».

Lope de Vega por Van der Hamen

En cuanto a la obra recuperada, que no podemos identificar con ninguna de las dos anteriores ni por dimensiones ni por procedencia, el hallazgo se lo debemos a Benito Navarrete Prieto, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Alcalá de Henares, quien disecciona el cuadro en su artículo «De poesía y pintura: Lope de Vega retratado por Van der Hamen» (Ars Magazine, año 3, número 6, abril-junio 2010). Se trata de un óleo sobre lienzo, de 119 x 97,5 cm., que se encontraba en una colección particular de Munich con una antigua atribución a Eugenio Cajés. Procede de la colección del Príncipe Joseph-Clement de Bavaria (1902-1990), y pasó, por herencia, a ser propiedad de una familia noble alemana. Benito Navarrete basa la atribución del retrato de Lope en la comparación con otro que parece pertenecer a la misma serie: el de Francisco de la Cueva y Silva (Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid), que es el único que lleva la firma de Van der Hamen. En efecto, existen pruebas de que fueron concebidos por el mismo autor, como el tipo de retrato, la disposición de las figuras, la preparación del lienzo, la factura de la pincelada y la idéntica grafía que aparece sobre los papeles que sujetan respectivamente De la Cueva y Lope. Además, la radiografía de la obra permite observar la riqueza de los plegados y los contrastes de las arrugas, que demuestran que nos encontramos ante un original que puede ser considerado como el modelo del retrato conservado en la Casa-Museo de Lope de Vega, similar al de Van der Hamen, pero que denota la sequedad y la torpeza propias de una copia.

junio 21, 2011 / Víctor Sierra Matute

Nuevos documentos de Tamayo de Vargas

Acaba de publicarse el segundo volumen de la Biblioteca de Autógrafos Españoles, colección dirigida por Pablo Jauralde y coordinada por Carolina Fernández Cordero, Pedro Carlos Rojo y Pilar Egoscozábal.

Biblioteca de Autógrafos Españoles, del grupo Edobne

Con este segundo volumen se completa la nómina de autores de los Siglos de Oro (s. XVI-XVII), aunque pronto se podrán consultar sus actualizaciones paulatinas en la web de Edobne.

Si el descuido hacia los documentos manuscritos antiguos —una de las más importantes fuentes de nuestra literatura— es grande, el error de enfoque que se comete al no considerar los autógrafos es mayúsculo. Con mayor motivo si tenemos en cuenta que son los manuscritos más autorizados a la hora de hacer filología. Este es el descuido que la colección pretende susbsanar.

Para este volumen he realizado la entrada de Tomás Tamayo de Vargas (ca. 1589-1641), humanista, traductor, cronista y escritor del XVII. Otra figura muy descuidada, cuyos datos biográficos y bibliográficos han ido repitiéndose hasta la saciedad desde el panegírico que le dedicó su amigo Uztarroz y los tiempos de la Biblioteca Hispana Nova de Nicolás Antonio (cuyo germen, por cierto, es la Junta de libros del propio Tamayo). En un pasado artículo (“Tomás Tamayo de Vargas y las cartas al cronista Andrés de Uztarroz”, en Voz y Letra, XX/2, 2009, págs. 137-162.) intentamos arrojar algo de luz sobre los últimos años de la vida de Tomás Tamayo a partir de algunas de sus cartas y ahora, mientras elaboro la entrada correspondiente al Diccionario de Filología Española, han aparecido, aquí y allá, decenas de documentos inéditos y autógrafos del autor. Entre ellos, el más valioso parece ser su último testamento, que pronto daremos a conocer y que contribuirá a completar y remozar la biografía de Tamayo.

Firma autógrafa de Tomás Tamayo de Vargas

marzo 30, 2011 / Víctor Sierra Matute

El tragelafo

El Tragelafo y la oliva de Pamplona es un breve e inclasificable diálogo escrito en 1646 por Francisco de Eguía Beaumont cuyo original inédito custodia la Biblioteca Nacional de España (Mss/2615) del que no hablaremos (creo) en este blog; pero no podía dejar pasar por alto esa intrigante y curiosa palabra que contiene su título: tragelafo. El texto nos desvela parte del misterio con este símil:

De santo verificado que Henrrique fue Cierbo, y Ana Bolena cabra, y que el enjendrado de estos animales se llama Tragelafo.

Parece que el tragelafo existió y que se acerca a lo que podría ser una mezcla de cabra y ciervo. El origen del término lo encontramos en la Historia Natural de Plinio, citada en varios pasajes de la obra, que nos cuenta que es una especie de ciervo, de menor tamaño que el alce, con barba y crines en cuello y espalda. Por su semejanza con el caballo, Aristóteles había llamado hippelafo a este curioso animal. Se ha conocido (también) con los nombres de ciervo de Ardenas y ciervo del Ganges.

marzo 5, 2011 / Víctor Sierra Matute

A Belén, pastores

La Navidad llega a Philoblogia con dos meses y medio de retraso. No es porque la desaprovechase preparando exámenes y otros asuntos académicos (que también), sino porque estos días he estado enfrascado en la lectura de Pastores de Belén, de Lope de Vega. Obra que, como reza la portada de la editio princeps, considero más una colección de “prosas y versos divinos” que una “novela pastoril a lo divino”, términos con los que se ha venido catalogando en todas las ediciones modernas. Y es que se aleja mucho de lo que podemos definir como novela: en Pastores de Belén sucede poco o casi nada que no sea paráfrasis de mitos bíblicos relacionados con la Anunciación y el Nacimiento, ya sea en prosa o en verso, puestos todos ellos en boca de los pastores que vienen y van a lo largo de sus páginas. Con la elegancia y gracia de Lope, claro, y en un ambiente marcadamente bucólico que facilita “la humanización de lo divino” pretendida por el autor, donde la Virgen y otros personajes bíblicos son caracterizados como pastorcillos en romances, canciones y villancicos, además de en una generosa colección de sonetos. Uno de los primeros y de los más bellos es aquel cantado por la pastorcilla Palmira en los valles y que, con el efecto del eco, es escuchado por Aminadab de esta manera:

Pastores de Belén, ed. de Antonio Carreño

Dichoso aquel que en un comprado prado,
la vida solitaria apura pura,
y entre las mieses y verdura dura,
sin que tenga jamás parado arado.

No va en los golfos desterrado errado,
ni en la ciudad con voz perjura jura,
que ni de la civil locura cura,
ni le desvela su prestado estado.

En soledad que le entretiene tiene
para blasón la disfrazada azada,
cama en su trigo, en sus rebaños, baños.

Que como a ver qué le conviene viene,
que es todo al fin de la jornada nada,
pasa felices sin engaños años.

 

Sin embargo, la mayoría de los sonetos del libro son epigramas que ilustran, como hemos dicho, un relato bíblico, generalmente introducido por una pequeña explicación en prosa enunciada por los pastores. Podemos decir, grosso modo, que Lope monta un Belén para ofrecernos su colección de poemas en lo que es, en palabras de Antonio Carreño, “una formidable pastorela polifónica”.

Para terminar, propongo un pequeño enigma que se enuncia en uno de los pasajes del libro, a ver si algún avezado lector es capaz de descifrarlo sin hacer trampa:

¿Quién es aquel que contiene
la más perfeta figura,
fue prisión, y es hermosura
que varias colores tiene?

Encierra dentro de sí
al mesmo que le sustenta
y aunque es precioso, aposenta
otro más precioso en sí.

Es señor de diez lugares
y aunque se mueve y escribe,
impares números vive
porque nunca vive en pares.

Es varón, y hembra tan vana,
aunque parto de la tierra,
que si su dueño le encierra,
se sale por la ventana.

La solución os la dará el propio Lope de Vega próximamente, en los comentarios.